Entre los dimes y diretes disparados en andanadas, propias de duchos artilleros que apuntan a objetivos tan particulares que el general ni siquiera sufre rasguño alguno; encontramos cada día, en ese arsenal tan prolífico como engañoso, cientos de artículos, postulaciones, estudios, y demás enmiendas a esa totalidad de unos pocos, que con prodigiosa destreza hacen virar la tan susceptible y maleable opinión de cada individuo.

Y es que lo que hoy nos aseguraban que era blanco, mañana podría convertirse en la más oscura de las tinieblas, y  viceversa, en virtud a la hoy, tan de moda  estrategia de marketing, cuya misión principal  es la abducción del mayor número posible de consumidores de un determinado producto.

Estas campañas en su afán de batir el récord de ventas o de hundir a molestos competidores, traman ingeniosas artimañas que si bien pudieran ser plausibles en términos de política de empresa, no lo son tanto si nos percatamos de la  ambigüedad, que oculta tras pantallas LCD o luminosos anuncios de neón, llegan hasta nuestro cerebro en forma de singulares eslóganes y apetitosas imágenes, que nos impiden la mayoría de las veces, formarnos un juicio mínimamente realista de lo que se esconde detrás de estas obnubilantes y reiterativas declaraciones unilaterales.

Surgen estas letras a colación del último informe de la OMS, donde se expone con firme criterio respaldado con autoridad por expertos en la materia, la necesidad de eliminar de nuestra  ya condicionada dieta, un  determinado tipo de alimentos, que según estos eminentes estudiosos causarían un terrible daño a nuestro organismo si no atendiéramos a sus sabias consideraciones.

Y es que, si no estaba ya suficientemente saturada la  hemeroteca  especializada en consejos dietéticos y gastronomía ejemplarizante, las bien pertrechas hordas  del consumo programado, lanzan un nuevo ataque a un consumidor que confundido ante la etiqueta del producto Light, el sin gluten, el de sin conservantes añadidos, el de fabricado con ingredientes “naturales”; debe añadir a su lista de descartes alimentarios los que estos señores establecen en este su incompletísimo estudio como prohibitivos. Y utilizo el grado superlativo porque estos sabios de la ciencia olvidaron-omitieron otros tantos de la cadena alimentaria manipulada interesadamente hace ya siglo y pico, que bien podrían formar parte de esta singular lista, hasta dejar casi a cero las posibilidades culinarias de cualquier hijo de vecino.

Y es que, seamos sensatos, si Adán inauguró su pecaminosa senda con una manzana ecológica; porqué no hacer lo propio con unas lonchitas de un buen pata negra.

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