Cuando descubrí que España iba mal dejé de descubrir

En demasiadas ocasiones me viene a la mente una frase que en tono de humor reza “el día que leí que el tabaco es malo para salud dejé de leer”. Creo que esta afirmación jocosa es desgraciadamente muy real y aplicable a los españoles y al ser humano en general.

Al fin y al cabo, se vive más cómodo sin preocupaciones. “Dame pan y dime tonto”. Otro gran refrán muy aplicable aquí. A mi dame un trabajo y luego haz conmigo lo que quieras. Yo miraré para otro lado con tal de tener el buche lleno.

Obviamente, esta forma de pensar tan retrógrada y anodina es un caldo de cultivo excelente para los desaprensivos. Por eso, cuatro listos han aprendido lo mucho que pueden sacar de ello y hacen y deshacen a su antojo mientras nosotros, los humildes y trabajadores, miramos a otro lado y tragamos con todo si a cambio nos dan unas migajas para comer.

Es obvio que tras casi 40 años de democracia, a ningún gobierno español le ha interesado la educación. Al fin y al cabo, un pueblo culto, formado, instruido y con conocimientos es mucho menos manipulable y manejable. Por eso, cada partido político que ha llegado al poder ha impuesto su propia ley que después fue cambiada por su sucesor y así hasta el infinito y más allá.

Jamás fueron capaces de ponerse de acuerdo en una ley de educación sensata, con valores, transversal y que forme ciudadanos. Es mucho más barato crear votantes y borregos que cada cuatro años vayan a votar al que más les guste de los que salen en la tele y el resto del tiempo miren hacia otro lado esperando las migajas que caen del plato sobrante de los ricos y poderosos. Y encima agradecidos.

Si miramos la historia de España, no es mucho más alentadora, desde luego. Cada intelectual que ha intentado hacer ver la necesidad de la educación y la cultura para progresar ha sido convenientemente silenciado, vapuleado o ninguneado según la época y necesidades coyunturales.

Por eso titulo este artículo como “cuando descubrí que España iba mal dejé de descubrir”. Es mucho mejor mirar hacia otro lado y quejarse de la desgracia pero no hacer nada que tratar de investigar, aprender, cultivarse y demostrar que un pueblo educado es poderoso y está capacitado para desalojar del poder a políticos, gobernantes, banqueros y empresarios corruptos y desaprensivos.

Pero claro, para eso hace falta orgullo, voluntad, solidaridad, educación, valor y, hablando en plata, un par de narices. Es mucho más fácil mirar hacia otro lado y hacer la vista gorda. La culpa es del vecino, del de más allá o del de la moto. Así todos ganamos. Ellos tienen el poder y nosotros sus migajas y la incultura. Y aquí paz y después gloria.

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