Cine: La Teoría del todo

La vida en movimiento se parece a coger velocidad  montando en  bicicleta. Sintiendo que las piernas te obedecen, el aire te besa con fuerza y el mundo ante ti.

Así comienza La Teoría del todo. La historia de Stephen Hawking y su primera mujer Jane Wilde. La vida parece que marcha bien, la universidad, la juventud, aprender, las fiestas universitarias, los amigos, las chicas… El mundo sonreía. Pero la enfermedad de Stephen no se hace esperar. Sufre los primeros síntomas y el médico le dice que sus funciones motoras progresivamente dejaran de obedecer sus órdenes, como andar, tragar, hablar, respirar…

¿Y qué pasa con mi cerebro? –pregunta Hawking.

Tu cerebro funcionará. Pero nadie sabrá de tus pensamientos. Le dice el médico. Va a ser una derrota muy dura. Dice su padre. Los pensamientos de Stephen deberían ser una declaración universal para saber valorar la vida. Pese a sus piernas sin fuerza, su voz que no le obedece, su cuerpo que no funciona bien… nada parece hundir a una mente que piensa brillante.

Cuando salí del cine me planteaba qué es esto del cosmos, que pasa con el tiempo, si tiene un principio, si no lo tiene, si hay límites en el universo, ¿por qué existimos? ¿No son apasionantes estas cuestiones? ¿Hay algo más especial que vivir en un universo sin límites? ¿Qué tipo de preguntas son estas? ¿Acaso hablan de esto en las tertulias de la tele? ¿En las noticias? ¿En los cafés? Preferimos mirarnos el ombligo recreándonos en nuestras miserias o en nuestros triunfillos, o en decenas de cosas que son lo contrario del conocimiento. Una de las cosas que me hizo pensar la película es porque sabemos tan poco de física, de la curvatura del mundo, de agujeros negros, de este universo donde estamos metidos. ¿No nos interesa el mundo?

Y más acá de la física, me impresionó el amor de Jane a Stephen. Y su manera de demostrarlo. Y el amor de Stephen a la vida. A ser capaz  de hablar con los ojos, de disfrutar de cada momento  aunque esté atado de pies y manos por una enfermedad. Y además de todo, nos da lecciones a los demás. Como esta:

No deberían existir fronteras para el esfuerzo humano. Por muy dura que nos parezca la vida. Siempre se puede hacer algo. Mientras haya vida, hay esperanza.

2 Comentarios

  1. Iré a ver la pelicula, amiga. Tus palabras animan a hacerlo. ¿Por qué no sabemos más de física? Uf, ¡y de tantas cosas! Es cierto que nuestra sociedad premia la frivolidad por encima de otros valores. La tecnología nos ha hecho vagos y todo lo queremos de inmediato y sin esfuerzo. Es lo que hay… en general. Afortunadamente queda gente -incluso joven (jeje, perdona la madad)- que no se conforma con productos “intelectuales” de consumo (véase el tipico leer a Cohelo y quedarse convencido de haberse convertido en master en metafísica, lo menos). ¡Incluso conocí aun Lama -un verdadero lama, eh- que admiraba a Castaneda, el de Las Enseñanzas de Don Juan (menudo pupurri de antropología psicodélica)! La anécdota es cierta: aquél tipo al que sus seguidores llamaban maestro, era un facilón mental. Pero el nivel de sus pupilos estaba a juego no tal maestro. Eso es lo que ocurre: todo fácil, todo saldo. Preferimos los lugares comunes de los libros de autoayuda a tener que esforzarnos en aprender de los grandes maestros: no son dificiles de encontrar, están en cualquier enciclopedia. El problema es que su obra es dificil de entender si uno antes no se ha formado ¡con lo que cansa formarse! Un saludo, josep turu.

  2. Si, la sociedad parece que es un poco frívola. Importa la talla que usas , no el principio del tiempo. ¿eso a quien le importa? a Stephen Hawking por ejemplo. Le importa más eso que su cuerpo, que no pueda moverlo, que no pueda hablar. No se recrea en lo malo que lo pasa (que es lo más común que haría cualquier persona) Se recrea en la vida.

    Por otra parte, detrás de un libro de autoayuda también puede haber un gran maestro que te ayude en un momento determinado. ¿Por qué no?

    Gracias por tus comentarios Josep! Saludos!!!

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