Carta lírico–irónica a los que manejan el cotarro

Estimados señores de [introduzca aquí el objeto de sus desvelos: el Gobierno, los sindicatos, la patronal, los banqueros, los mercados o, más modernamente, la “casta”]:

En nombre propio y en el de un buen puñado de personas que conozco, debo transmitirles mi más profundo agradecimiento por diversos motivos.

Gracias por hacer que me arrepienta de haber empleado 4 años de mi vida en estudiar Periodismo. Por no ser capaz de encontrar trabajo porque piden 1 año de experiencia que ni tengo ni, sabiamente, tampoco me facilitan. Por ofrecerme trabajar gratis para “hacer currículum” y que no tenga horas muertas para angustiarme ni pensar en la marcha del país. Por carecer de los medios materiales para emprender: tienen ustedes razón, mejor me endeudo hasta las cejas, compro coche, local, etc. sin pensar en nada más, a ver qué pasa, porque como joven que soy tengo que tener “espíritu aventurero” y si sale mal ya habrá tiempo para decir que viví “por encima de mis posibilidades”. Por hacerme sentir un inútil que nada tiene que aportar a la sociedad y que mejor hubiera estudiado Derecho, Empresariales o una ingeniería como Dios manda. Gracias por intentar manipular y torcer el trabajo de mis compañeros, complicándoles el acceso a la información, contestando lo que a ustedes les interesa, negando la evidencia o directamente tratando de comprar sus voluntades. Estoy seguro de que todos estos inmensos retos harán mejor a nuestra sociedad.

Por supuesto, no quisiera dejar de mencionar mis otros estudios, la Filología Hispánica. Gracias por despreciar el idioma cada día, “neolenguándolo” con vuestras buenas direcciones, vuestros “copagos, vuestra liberalización, vuestra flexibilización del mercado laboral para que no cueste un duro contratarme (ni pagarme, ¿para qué?) y vuestras reformas estructurales “necesarias” que no dejan margen para apoyar a la literatura y menos aún, ¡anatema!, al resto de las Humanidades. ¿Para qué apoyar la Cultura? Si no se sostiene por sí misma, será que no tiene mucho interés, juzgáis con buen tino. No hacen falta más guardianes del idioma, porque entonces será más difícil que lo cambiéis a vuestro antojo. Siempre por el bien de España, por supuesto. Por cierto, tenéis razón: ya empiezo a ver las raíces vigorosas: son las de mis pies, anclados al suelo por falta de uso para ir al puesto de trabajo.

¿Pero qué digo? ¿Qué hace hablando así un Peón? No puede caberme la menor duda de que Reyes, Alfiles y Torres de marfil, que tanta necesidad han pasado y tanto se han esforzado para llegar a donde están, sabrán cómo “desfacer” este entuerto y no sacrificarán a un inocente peón en vano. Así que gracias, en definitiva, por hacerme perder la esperanza y empujarme a renovar el pasaporte y hacer las maletas. Estoy convencido de que la “movilidad exterior” me hará crecer, que no echaré de menos para nada mis raíces y que da igual si dejo atrás a una población envejecida que no tendrá repuesto, porque imagino que entonces ustedes, como eruditos que son, abrirán las vallas que ahora protegen con cuchillas “disuasorias” para que entren los inmigrantes que ahora rechazan para que trabajen duro, luego se hipotequen para comprar una casa, vuelvan a trabajar todos los españoles y así comience de nuevo el Sueño Español.

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