Capitalismo, globalización y TTIP

Capitalismo es una forma de organización social basada en la producción de mercancías, en la acumulación de riqueza en manos de particulares, y en la existencia de un mercado mundial integrado. El trabajo libre, asalariado, y la propiedad privada de los medios de producción, son sus categorías básicas. Éstas expresan el divorcio del productor de sus instrumentos de trabajo y del producto de su trabajo; expresan la separación definitiva del capital del trabajo de la figura del trabajador.

El objetivo básico del capitalismo es la obtención del máximo beneficio con la menor inversión, para ello reducen costos bajando los salarios e incrementando las horas trabajo. Explotan a los trabajadores y en muchos lugares con la globalización de la economía pagan salarios de miseria y buscando una mano de obra barata y joven e incluso explotan a niños.

La globalización no es más que culminación del proceso secular de dispersión de las relaciones de producción capitalistas alrededor del mundo. Con la especial circunstancia añadida, de que ha marcado el ¿triunfo? del sistema capitalista sobre los otros modelos económicos experimentados durante el pasado siglo XX. En definitiva, se puede asegurar que la globalización constituye, simplemente, un nuevo estadio en el desarrollo del capitalismo mundial (Díaz Céspedes).

Las facilidades existentes para el comercio también hacen que muchas empresas fabriquen sus bienes en otros países alejados del suyo de origen. Grandes multinacionales producen buena parte de sus bienes en otros países, por eso grandes empresas pueden escoger el lugar del mundo en el que producir les sea más ventajoso. Por otra parte, la posibilidad de instalarse en cualquier país incentiva a las empresas a buscar aquellos países en los que sus costes de producción sean menores. Así buscan los países que menos regulación legal tienen para evitar el incremento de los gastos y aquellos en los que no existen pagos a la seguridad social o los que no permiten que los trabajadores se afilien a sindicatos para defender sus derechos o aquellos en los que pueden trabajar niños. Todo ello reduce el coste salarial. Lo mismo sucede con las leyes de medio ambiente, que obligan a tomar medidas caras para protegerlo. La búsqueda de países en los que esta legislación no exista posibilita la reducción de costes. Del mismo modo ocurre con aquellos territorios en los que las empresas no pagan impuestos sobre los beneficios – los paraísos fiscales -, éstas prefieren instalarse allí ya que de este modo pueden pagar mayores rendimientos a sus accionistas.

A su vez la evolución de los medios de comunicación ha facilitado que la cultura mundial se unifique. Las diferencias culturales se reducen y los gustos se unifican. Esto beneficia las grandes empresas que pueden vender sus productos en cualquier lugar del mundo. Asimismo, la tecnología para producir bienes en muchos países del mundo, sobre todo en el desarrollado, es cada día más similar. Los sistemas de producción son los mismos. La globalización regulatoria fija normas iguales para que los productos sean similares en todos los países y puedan producirse en un Estado y venderse en cualquier otro sin ningún cambio; por otro lado, se ha producido una liberalización de los movimientos de capitales, financiando, de este modo, actividades en la nación que más les convenga, incrementando las posibilidades de obtener más beneficios.

Los intercambios y relaciones económicas internacionales no han surgido a finales del siglo XX. La mundialización de la economía no es casual. El primer motivo que impulsa la globalización es el convencimiento de que el desarrollo del comercio en una sociedad favorece su crecimiento económico; es creencia común, entre los teóricos de la globalización (Foro de Davos), que la situación mundial puede mejorar por el desarrollo del comercio y por el de los mercados financieros. La posibilidad de financiar actividades económicas en cualquier parte del mundo permite establecer un comercio intertemporal, lo que provoca que un país puede consumir más de lo que vende en un año endeudándose con otro que le presta los fondos necesarios para ello.

El convencimiento de las ventajas que se derivan del proceso de liberalización del comercio y de los movimientos de capital, para el mundo desarrollado, ha llevado a que la comunidad internacional establezca una serie de instituciones para conseguir la mayor internacionalización posible de la economía. Los acuerdos de Bretón Woods en 1944 fueron una primera manifestación de voluntad común, de los que surgieron organismos como el Fondo Monetario Internacional, promotor de la libertad de circulación de capitales; en la actualidad, una de las instituciónes más importante es la OMC (Organización Mundial de Comercio), que promueve la progresiva liberalización del comercio en el mundo, de la que son miembros una gran parte de países que adquieren compromisos para reducir sus aranceles y facilitar el comercio internacional; también, se creó el Banco Mundial (Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo), para llevar a cabo inversiones en países con dificultades económicas.

Los procesos de globalización no habrían sido posibles sin el gran avance que han experimentado las telecomunicaciones en el siglo XX y en los primeros años del XXI.

Entre las desventajas de la globalización debemos destacar como indica (Gimeno, J. A.,), la contaminación: En los países desarrollados se han puesto normas que impidan la emisión de humos, vertidos de residuos, reciclaje, de ahí que las empresas trasladen las plantas industriales afectadas a países subdesarrollados, donde la legislación es más laxa o incluso inexistente. Por otra parte, la rentabilidad del traslado de las empresas a otros países pobres, con menos niveles de productividad y muy débil normativa de protección social, se basa en la explotación de la fuerza de trabajo, con jornadas de más de doce horas de trabajo diario, explotación infantil, desprecio de requisitos de salud e higiene, despido libre y un sinfín de incumplimientos de las mínimas normas de protección social, que culminan en la puesta en vigor, nuevamente, de las condiciones más duras del primer capitalismo industrial, ¿superadas? en los países desarrollados.

Esa explotación laboral en los países subdesarrollados está provocando el endurecimiento también de las condiciones de trabajo del mundo desarrollado, perdida de derechos de los trabajadores, precarización de los nuevos contratos de trabajo y reducción creciente de salarios y derechos y la decadencia del Estado del Bienestar, a esto hay que añadir que cada vez es mayor el número de asalariados en el grupo de población situado por debajo de la línea de pobreza; además, la inmigración, sobre todo clandestina, procedente del Tercer Mundo está siendo aprovechada para imponerles las condiciones de vida y de trabajo similares a los del mundo subdesarrollado. Está apareciendo en los países desarrollados el llamado cuarto mundo, sobre todo en torno de las grandes ciudades, en donde un elevado número de personas vive en la miseria. También está creciendo la resistencia a mantener las políticas redistributivas en los países desarrollados. Por otro lado, la mundialización está favoreciendo la concentración de la producción mundial en un número reducido de empresas, apareciendo de este modo un mercado monopolístico y oligopolios con comportamientos monopolísticos a través de pactos de restricción de la competencia. Si a esto unimos la especulación financiera que es creciente, el panorama económico y social de la globalización es desolador.

La globalización provoca en muchos países, con economías más débiles, problemas de desempleo, ya que muchos de los bienes creados en esos países son de calidad más baja que los de las grandes potencias desarrolladas y su salida en los mercados internacionales no tiene respuesta de compra; además si un Estado cobra menos impuestos las empresas multinacionales se instalan allí al obtener más beneficios; la globalización favorece la concentración y aparición de grandes multinacionales. La posibilidad de vender sus productos en todo el mundo y de reducir los costes de producción gracias al aprovechamiento de las economías de escala – crecer para reducir los costes -, hace que las pequeñas empresas vean reducidas sus posibilidades de venta. La consecuencia que conlleva es la reducción de la competencia en el ámbito mundial y que una, o un número reducido de empresas, monopolice el mercado, arruinando a las pequeñas empresas de los países más pobres.

Cuando una empresa potente (multinacional) no obtiene el beneficio deseado en su país, crean filiales en países pobres a los que concede algunos mínimos beneficios al Estado y la promesa, cuando la hay, de crear unos miles de puestos de trabajo, que son los peor remunerados ya que la mano de obra especializada procede del país de la multinacional; por tanto, las multinacionales allí donde se instalan terminan con la industria autóctona. No hay que irse muy lejos para verlo, el ejemplo lo tenemos en España dónde se instaló la Ford, en Almusafes, y la poca industria automovilística que había en el país dejó de producir automóviles y camiones.

El término capitalismo en EEUU y Europa ha pasado por fases, así del puro capitalismo de Estado pasó al Imperialismo para dominar a terceros países pobres a los que las multinacionales compran materias primas y fuentes de energía a precio muy barato y el país explotado para subsistir tiene que comprar los productos manufacturados en los países imperialistas a precios muy caros y de ahí la elevada deuda externa elevada, de la que los intereses son en muchos países superiores a los presupuestos generales de los Estados. Hace unos años el término pasó a denominarse neo-imperialismo  y hoy se denomina neo-liberalismo, que equivale a decir economía de mercado propio de los gobiernos de derechas, es decir, economía de explotación del hombre por el capital.

Algunos grupos de personas, a veces con intereses muy diferentes, no están en absoluto de acuerdo con la globalización económica y se organizan en los llamados movimientos antiglobalización.

Como señala (Gimeno, J.A.), la polémica sobre la globalización saltó a la actualidad a raíz de las contestaciones que se vieron en la calle en ocasión de la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle; estas manifestaciones son un símbolo de la crisis de un modelo. El mismo autor indica que, “las críticas a los principales organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, encargados de velar por la estabilidad del sistema monetario internacional y el apoyo financiero y técnico a países en desarrollo vienen de antiguo, en la medida en que han sido vistos desde el Sur como instrumentos del Norte para imponer unas líneas acordes con el pensamiento neoliberal a ultranza, sin consideración alguna a los costes sociales que conllevan las estrictas medidas de ajuste exigidas. Pero las últimas crisis han hecho tambalear los planteamientos convencionales. En el seno de estas mismas instituciones se ha comenzado a aceptar que es preciso introducir la variable cohesión social y los planteamientos distributivos como factores importantes en cualquier política. El Banco Mundial, en sus últimos informes, empieza a llamar la atención sobre el peligro que supone para la estabilidad mundial el crecimiento excesivo de las desigualdades y la extensión de la pobreza a que están llevando las recetas ultraliberales”.

Estos grupos no creen que la libre competencia y la empresa privada puedan ayudar a crear más riqueza para todos y un mundo más justo. El Foro Social Mundial fue una de las primeras iniciativas que se organizaron como un espacio alternativo a las propuestas que se daban en las reuniones celebradas por la élite económica mundial en Davos (Suiza). Se reunió por primera vez, en enero de 2001, en la ciudad de Porto Alegre (Brasil), y surgió por iniciativa de un conjunto de organizaciones sociales brasileñas y de movimientos ciudadanos internacionales que se oponen al proceso de globalización capitalista. Posteriores reuniones del Foro Social Mundial (2002, 2003, 2004, esta última en Bombay el 21 de Enero), y otras, se oponen al proceso de globalización capitalista y propugnan alternativas frente a la globalización.

A su vez, los líderes empresariales y gubernamentales de Foro Económico Mundial se han reunido en Davos (Suiza) para debatir sobre la debilidad del dólar y los problemas comerciales.

Según Mª Luisa Toribio, en TTIP: el nuevo asalto de la globalización económica “el sueño de multinacionales, grandes inversores y entidades financieras es poder hacer negocio en cualquier lugar del mundo, sin que nada entorpezca sus ansias expansionistas. Para ello, ponen todo su empeño en eliminar cualquier traba: La normativa de la Unión Europea sobre seguridad de los juguetes impide que las empresas cuyos juguetes no cumplen los requisitos establecidos puedan vender dentro de la UE. Eso es una “traba” al libre comercio, como también lo son las normas de cualquier país o región sobre calidad alimentaria, toxicidad, salud pública, protección del medio ambiente, seguridad de los medicamentos… o incluso las normas que garantizan derechos laborales. En ese empeño por eliminar normativas (perdón, trabas al comercio) llevan décadas de intenso esfuerzo. En este contexto han ido proliferando acuerdos de libre comercio entre países o regiones, que han servido para ir desmantelando normativas que suponían un límite para los negocios o la inversión. La culminación de este proceso sería el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), que están negociando Estados Unidos y la UE con la mayor opacidad. La negociación comenzó en julio de 2013 y debería finalizar en 2015.¿Quién negocia? Formalmente, la Comisión Europea y el Departamento de Comercio de Estados Unidos, pero los lobbies empresariales tienen un protagonismo indiscutible en todo el proceso. ¿Qué sabemos? Poco. Más allá de las líneas generales de negociación, los documentos de trabajo son confidenciales. Gracias a la poca información que se ha hecho pública y a algunas filtraciones se van conociendo detalles de lo que se está cociendo a nuestras espaldas.

Capitalismo, globalización y TTIP
Fuente: http://kaosenlared.net/

¿Cuáles son los objetivos? Con el TTIP se busca facilitar el acceso de empresas e inversores a los mercados. Para ello, se pretende: Eliminar derechos de aduana. Reducir barreras (léase normas) sanitarias, ambientales, sociales, laborales… igualándolas (a la baja, por supuesto) a un lado y otro del Atlántico. Proporcionar el mayor grado posible de seguridad jurídica a los inversores (no se hace lo mismo con nuestros derechos sociales). ¿Cuáles son los principales motivos de preocupación?. Las élites económicas y financieras llevan décadas pregonando las falsas bondades del libre comercio –riqueza y ventajas para todos– hasta convertirlo en “la verdad oficial”. La realidad está siendo bien distinta, y el TTIP no haría más que ahondar las consecuencias del sistema depredador que estamos viviendo: Se intensificaría el desmantelamiento de los servicios públicos, al facilitar su privatización. Se aceleraría la pérdida de derechos sociales y laborales, así como la degradación del medio ambiente. Se liberalizaría aún más el sector financiero, dando más facilidades a la especulación y a la banca de casino que se han adueñado del mundo de las finanzas. Habría un mayor deterioro democrático. Los estados y la ciudadanía estarían cediendo soberanía, al perder la capacidad de decidir sobre leyes y políticas de interés público. Se sortearía la intervención de los tribunales de justicia a la hora de resolver las diferencias que puedan surgir entre empresas y administraciones públicas. La experiencia con otros acuerdos de libre comercio es ilustrativa. Las empresas pueden demandar no sólo a los estados sino a todos los niveles de las administraciones públicas (incluso a un pequeño ayuntamiento), si consideran que una ley, una norma o una decisión política limita su acceso a los mercados. Las demandas, que pueden terminar con cuantiosas sanciones económicas, no las resuelven los tribunales de justicia sino sistemas de arbitraje específicos, creados al margen de todo control jurídico o democrático.¿Quién gana y quién pierde? Con el TTIP, las élites económicas serían las claras beneficiadas, puesto que el acuerdo daría prioridad al derecho de empresas, inversores y especuladores a ganar dinero. ¡El negocio ante todo! En el otro lado de la balanza, los derechos de la ciudadanía a los servicios públicos, al control de la calidad alimentaria, a establecer normas de seguridad para los artículos que compramos, a proteger el medio ambiente, a unas condiciones laborales justas… todo ello quedaría supeditado a las reglas del comercio y el libre mercado. La ciudadanía, que no ha sido invitada, entra EN ACCIÓN: La oposición ciudadana ya está en marcha a ambos lados del Atlántico. En España, movimientos sociales, organizaciones, colectivos, plataformas y asambleas ciudadanas se han unido en la Campaña NO al TTIP.

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José Amestoy Alonso
José Amestoy Alonso (Soria). Licenciado en Geografía e Historia (Sección Geografía) por la Universidad de Zaragoza. Agregado y Catedrático de Bachillerato. Desde 1982 imparte docencia como Profesor Tutor de Geografía en la Licenciatura y Grado de Historia, y en la Diplomatura de Turismo en el Centro Regional de Cartagena. Profesor Tutor telemático de Geografía en las mismas carreras. Sus líneas de investigación son Climatología, Medio Ambiente y Tercer Mundo. Entre sus libros figuran: "La estadística y las Representaciones gráficas aplicadas a la Geografía", "La Comarca del Campo de Cartagena. Dependencia climática y Biodiversidad. Retos y Realidades", "El Planeta tierra en peligro (Calentamiento Global, Cambio Climático, Soluciones)". Colaborador de revistas científicas de Geografía en Universidades españolas y en el Instituto Geográfico Vasco, en las que constan algunos artículos como: “La región geográfica”; “Las temperaturas del Campo de Cartagena 1940-1980”; “Aspectos de la Degradación del Medio Ambiente: su influencia en el clima”; “Aproximación al estudio de las corrientes oceánicas y su influencia en el clima. El fenómeno de la corriente de El Niño”; “Aproximación al estudio del Subdesarrollo, Globalización, pobreza y hambre en el mundo”; “Consideraciones en torno al impacto medioambiental de las Fuentes de Energía”; “El arte de conocer el tiempo”; “Precipitación, aridez, sequía y desertificación de la Comarca del Campo de Cartagena”. Ponente y coordinador de varios cursos organizados por el Centro Regional de la UNED de Cartagena. Ponente en el II Congreso sobre Etnoarqueología del Agua en el Campo de Cartagena con el artículo “Precipitaciones, sequía y agua del trasvase en el Campo de Cartagena”. Perteneció como miembro electo al Claustro del Centro Regional de la UNED en Cartagena. Dedicado a la docencia y a la investigación geográfica.

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