Bucaneros, corsarios y filibusteros

Algún día contaré a mis nietos que existió un lugar llamado cine, dónde proyectaban películas y comíamos palomitas, ellos fruncirán el ceño, y entonces explicaré qué fue antes de que los piratas acabaran con todo. Esos piratas que lejos de la visión romántica de Long John Silver, no buscan tesoros para enterrarlos en islas desiertas ni surcan los mares, surcan las redes y entierran en sus discos duros todas las películas.

Según datos oficiales, a lo largo de 2014 se accedió ilegalmente a 4455 millones de contenidos digitales con un valor de mercado de 23265 millones de euros ¡escandaloso! Algunos Robin Hood de polígonos lo justifican diciendo aquello de que la gente del cine gana mucho dinero y cobran muchas subvenciones… Nada más lejos de la realidad, con un ministro de cultura inculto no llueve dinero precisamente.

En el cine no cobra sólo el director, los actores o guionistas, también hay técnicos de luz y sonido, hay script, director de fotografía o de casting, editor de imágenes, hay una productora, distribuidora o exhibidoras con oficinas y trabajadores, y peluquería, maquillaje… Entre otras cosas cómo puestos de trabajo directo, qué también los hay indirectos desde el catering del rodaje hasta la persona que cobra entradas pasando por acomodadores, servicio de limpieza en el cine, la persona que vende palomitas o cervecerías, restaurantes, cafeterías o tiendas que se aglomeran alrededor del cine.

La cultura genera 5 veces más empleos en Europa que las telecomunicaciones y la automoción. Y no hay nada que venda mejor un país que su cultura; su literatura, su cine o su música.

Escuchar que la cultura es cara, aún con el dichoso 21% de iva (que ya está bien) es una desvergüenza cuando una novedad en formato blu ray, dvd y digital no llega a 20€ y cualquier película con cierto tiempo no llega a 10.

Desde luego las cosas tienen el valor que nosotros le damos. A mi me gusta el fútbol, cómo deporte no cómo religión, y 50€ una entrada (barata) me parece excesivo pero no me cuelo en el estadio, un  iPhone 600 ó 700€ me parece un abuso pero no lo robo y si alguien cree que la entrada de cine es cara no tiene porqué entrar ni porqué descargarla.

Quizá podría solucionarse rebajando megas a las telecomunicaciones, ¿para qué puede querer alguien tantos? Pero no importa porqué no sólo no se tiene en cuenta el valor cultural destrozado, tampoco el económico.

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