Brexit, un error y dos carencias
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Sin conocer los detalles de la política inglesa, los resultados del último Eurobarómetro (nov 2017), que muestran que un 69% de los británicos se encuentran muy satisfechos de vivir en la U.E., y un muy buen articulo sobre John Major (Prospect magazine – John Major), me hacen pensar que en el Reino Unido se ha cometido un error con el Brexit. En realidad, me hace pensar en un error y dos carencias.

El error vendría de la época de Thatcher, al permitirse distorsionar con un mensaje de corte supremacista / nacionalista (UK vs UE). El error consistiría enpermitir que se desarrolle lo que yo llamo una emociología.

Una emociología promovida irresponsablemente tanto por la clase política como por los medios de comunicación. Los motivos podrían ser variados: como palanca de presión en las negociaciones con la UE, por rechazo personal de Thatcher a los líderes europeos del momento, por nostalgia social del antiguo Imperio británico… pero no pretendo entrar en las causas. Como digo, no conozco la política inglesa lo suficiente.

Lo  que sí me parece claro que se ha debido de sufrir alguna forma de distorsión para llegar a una decisión tan drástica como el Brexit sin que haya una verdadera insatisfacción con la UE.

Este error iría seguido de una doble carencia:

1- Una carencia de método, del sistema. Ya que a la sociedad no se le deben trasladar preguntas complejas que no está preparada para analizar.

2- Una carencia en el desempeño de los líderes y partidos políticos tras el Brexit. Una vez cometido el error, nadie parece asumir el liderazgo para reaccionar. Todos parecen sentirse obligados a seguir la supuesta voluntad popular en vez de liderarla.

Respecto de las preguntas complejas, creo que el ejemplo catalán es bastante interesante para entender el error.

En España se permite que haya partidos independentistas. E incluso, de manera indirecta, no se bloqueó por completo que estos partidos montasen un sucedáneo de consulta a la ciudadanía de Cataluña acerca de sus deseos de separarse del resto de España (9-N). Pero ni los políticos locales tienen la capacidad de arrancar la secesión por su cuenta, ni de realizar consultas oficiales sobre la voluntad de secesión ya que la soberanía reside en el conjunto de España.

Es decir, la ciudadanía no decide directamente sobre una cuestión compleja sino que elige partidos y son estos los que deben tratar y negociar estos temas de acuerdo con una reglamentación de seguridad (mayorías superiores al 50%,confirmación con nuevas elecciones, ámbito de soberanía nacional…)

El motivo último no es que no se desee seguir la voluntad de la ciudadanía, es que no es tan obvio saber cuál es esta. Debemos asumir que las sociedades están afectadas por pasiones como lo están los individuos. E, igual que todos necesitamos moderar la reacción a nuestras emociones (por ejemplo, no decidimos dejar un trabajo en mitad de una noche de juerga o porque alguien nos provoque para hacerlo), las sociedades necesitan que sus mecanismos de funcionamiento les protejan de las decisiones impulsivas y de la manipulación mediante emociologías.

Respecto de la otra carencia, la del desempeño de partidos y medios de comunicación, si un partido cree que la opción correcta es la del remain no tiene por que ofrecerse para desarrollar el brexit. La función de un líder no es seguir la opinión mayoritaria, expresada o no en un referéndum.

Los políticos y medios son los profesionales de la política, son los que saben de ella. Y su función debe ser la de proponer lo que consideran más acertado y defenderlo. Lo contrario es una mezcla de oportunismo cortoplacista e irresponsabilidad. De auparse aprovechando la ola de emoción social o de, al menos, delegar una responsabilidad que les corresponde.

Imaginemos un médico o un arquitecto ¿en serio pensamos que su función debería ser ofrecer a sus clientes el tratamiento médico o la estructura del edificio que estos parezcan preferir? ¿aunque les parezca una locura?

O un ejemplo de política. Cuando Churchill consideró que la situación tras la Primera Guerra Mundial presagiaba una segunda guerra ¿se quedó tranquilo aceptando la opinión mayoritaria en contra o defendió contracorriente durante años su punto de vista? La responsabilidad de la clase política es de dirección, no de mero seguimiento de la opinión mayoritaria.

Si un partido político cree que la sociedad se equivoca deberá aceptar la soledad de la responsabilidad, como hacía Churchill, aunque por ello quede relegado y no consiga los puestos de gobierno.

Emociologías: la fuerza del prejuicio

 

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