El Brexit, Delors, o la pugna entre los ciudadanos y los mercados
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Los resultados de la salida de UK de la UE es la clara manifestación de la alteración del valor de las personas por debajo del interés de los mercados. En la mayoría de los medios y foros de especialistas, tanto políticos como económicos, centran sus análisis en los precios. Pocos, o escasos, atienden a los valores. Pierden de vista que la esencia de esta fractura se produce por las políticas impuestas desde el eje Bruselas-Berlín. El  Greexit, no le preocupaba a Berlín. La memoria debe mantenerse. Ciudadanos esclavos.

Esas políticas, centradas en una división del trabajo dentro de la UE, de las que los desequilibrios económicos y sociales sólo son una evidencia. Hacen entrar en colapso la creencia de la inocuidad de alterar el modelo que hizo creer en una UE más fuerte, más justa y más democrática. Recuerdo la UE imaginada en los tiempos de Jacques Delors.

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Este fue el promotor del Acta Única Europea, que tuvo aplicación entre 1986 y 1992, fue aprobada en 1986 y puesta en vigor desde el 1º de enero de 1987. Este acuerdo supuso la primera modificación de los tratados fundacionales de las Comunidades Europeas, es decir, el Tratado de París de 1951 creando la CECA, y los Tratados de Roma instituyendo la CEE y el EURATOM. Delors concluía cuando se aprobaba el Acta: “El Acta Única es, en una frase, la obligación económica y social, una política europea de investigación y tecnología, el reforzamiento del Sistema Monetario Europeo, el comienzo de un espacio social europeo y de acciones significativas en materia de medio ambiente”.

El Acta Única establecía la existencia del Consejo de Europa, formada por los jefes de gobierno, y del Parlamento Europeo. Con representantes elegidos por los ciudadanos europeos. Este proceso debía crear un espacio común, una unidad monetaria, pero también un área en dónde los derechos sociales estuviesen salvaguardados. De entonces se crearon entre otros los Fondos Estructurales (FEOGA), Fondo Social Europeo (FSE) y, el ya creado por el Tratado de Roma, Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Al cabo de los años, hemos descubierto que de ellos se hizo una gestión que, en muchos países, alimentaron las tramas de corrupción que nos han perjudicado a muchos y beneficiaron a unos pocos.

En 1988, para que muchos de nuestros neoliberales de la derecha, del centro y de la izquierda, el referente al que aluden en la aplicación de sus políticas, como lo fue Margaret Thacher, nada nacionalista ni populista, sostuvo: “Tratar de suprimir el concepto de nación y tratar de concentrar el poder en un organismo europeo sería muy perjudicial (…) No necesitamos nuevas regulaciones que eleven el coste de la mano de obra y que hagan el trabajo menos flexible y competitiva que el de nuestros proveedores extranjeros (…) En Gran Bretaña lucharemos contra los intentos de introducir colectivismo y corporativismo a nivel europeo. Lo que la gente quiera hacer en su propio país es asunto suyo”. Pues esa postura se enfrento con Delors que propuso la Carta Social Europea. Era el Modelo Social Europeo para aplicarse en 2020. Es decir, mañana.

Con la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana, la situación cambió. Tras casi tres años de debates, en muchos casos al más alto nivel y sin la transparencia que las negociaciones merecían, el Consejo de Europa aprueba el 9 de octubre de 1991 el Tratado de Maastricht, entrando en vigor el 7 de febrero de 1992.

A partir de entonces se produce el giro desactivador de la dimensión social de la UE. Las tesis de la señora Thacher prevalecen. Europa comienza a tener varias velocidades. Se gestiona la crisis financiera a costa de las políticas sociales. La UE no metaboliza la doctrina neoliberal y la pobreza se generaliza. Desde allí, las grandes bolsas de marginalidad se expanden y los movimientos xenófobos se alimentan. La búsqueda de culpas dado el Brexit es un mecanismo de justificación para no asumir la pérdida del rumbo que Delors preveía. Ha ganado el modelo neoliberal en la UE. Ellos son los únicos responsables del Brexit y del destino de Europa.

Estamos en una Europa alejada del Modelo Social Europeo. Tenemos de 80 a 120 millones de pobres. Sus decisiones son menos transparentes con un  gobierno gestionado por la Comisión, el BCE, Eurogrupo, el FMI, el Consejo, en buena medida con secretismos y negociaciones a puertas cerradas. Como el caso del TTIP. Esa UE es menos democrática en su funcionamiento. Cuando el Parlamento Europeo, único órgano representativo de la ciudadanía, queda en minoría frente a la Comisión, o está fuertemente influido por los lobbies.

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Ahora nos encontramos ante el desafío de exigir que se cumpla con las metas sociales de la Estrategia Europa 2020, y de que no se impongan políticas de austeridad que aumenten la pobreza y las desigualdades. En 1989, en el Colegio de Europa de Bruselas, frente a los acontecimientos, Delors afirmó:

“La historia se está acelerando y nosotros debemos hacerlo con ella…”

Que les quede claro a todos… o regresamos a la Europa Social o la UE tiene fecha de caducidad.

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