¡Qué barullo se ha armado!
Autora: Áurea Sánchez, Feria de Santos en Monterroso, Lugo, día 2 de noviembre de 2016

Llevo desde la madrugada del día 9 intentando cerrar este artículo sin conseguirlo. Los titulares referidos a las elecciones de los Estados Unidos, todos ingeniosos, me sorprenden, como los mismos resultados.

Tengo que interrumpir lo que escribo, me llaman para pedirme ayuda. Suponen que estoy al tanto de los servicios de ayuda a las mujeres que sufren maltrato. Déjenme que piense, les respondo.

Vuelvo al artículo, que si es un hombre Donald Trump desconectado de las masas que le dieron la victoria, que si representa el fascismo y el neoliberalismo, que si importan o no los escándalos de su vida privada a este político en su vida pública.

De nuevo el teléfono. Me preguntan si no sería tan sencillo como montar una red ayuda a las mujeres como la de alcohólicos anónimos. Les respondo que posiblemente sí. Ante un silencio casi atronador, mi interlocutora me asegura que los actuales servicios de las tres administraciones no funcionan y no sirven para nada. Sigo pensando. Oigo que me escruta mi interlocutora al otro lado del teléfono.  Tu sabes de eso, ¿no? Podrías decirles en tu próximo artículo que no quieren crear esa red de ayuda a las mujeres porque se sienten señalados. Prefieren que las mujeres asuman que tienen depresiones y enfermedades propias de su género a reconocer que la violencia es generalizada y sistematizada. No quieren cambiar las cosas. Que dejen de criticar a Trump, ¡que se pongan a hacer algo! No le cuelgo, pero sigo pensando en mi tema.

Regreso a mi artículo. Creo que es una gran verdad lo que acabo de oír, pero la noticia de hoy parece ser otra. Ha ganado las elecciones un rico presidente americano casado con la hija de un comunista esloveno. Recuerdo que quiere construir un muro con México para evitar la entrada de emigrantes. De nada valieron las acusaciones sobre su comportamiento con las mujeres. Qué decir de sus actitudes racistas. El candidato políticamente incorrecto que entra en la Casa Blanca nos asusta. Ya ocurrió con el actor Ronald Reagan, nos dio mucho miedo al principio y les hizo reír a sus homólogos con los que se reunía. Pero a aquél lo quería el partido, a este, no.

Lo más duro para la candidata eterna perdedora fue hacer su discurso de despedida en el que aceptó la derrota. Eso es lo que hay que hacer cuando se pierde, aceptar los resultados y ponerse a trabajar. Habrá que comenzar por ver qué mensaje esconde esa mayoría que decidió y de lo que no se hablaba en campaña. La tarea es ardua y debemos comenzar por lo más cercano a nosotros.

Habrá que ocuparse del día a día. De esa mujer que me llama pidiendo ayuda. Vuelvo a escucharla.

—Hay muchas mujeres que no saben a dónde acudir, cuando de lo que se trata no es de poner denuncia sino de recuperar su autoestima como personas y eso tendría que hacerse en terapia de grupo —dice—.  Todas las mujeres necesitan hablar de su condición de mujeres atropelladas en sus derechos como personas.  Los centros de información a las mujeres en los municipios sirven para informar de lo que contempla la ley y de cuestiones burocráticas, pero hay algo más que hacer para ayudar a las mujeres en general, y es darles apoyo terapéutico continuo y gratuito sin cortapisas. No les pidamos categorías como denunciante de violencia de género, con condena o sin condena de su agresor, con hijos a su cargo o sin hijos a su cargo. Las mujeres necesitan terapia de grupo continua, sistemática sin restricciones y con publicidad. ¿Qué cortapisas vamos a poner? —se pregunta la mujer que me pide ayuda— ¿Qué  el problema es que invadimos los centros de ayuda? Eso querrá decir que tenemos un mal de grandes proporciones al que hay que poner remedio.

Le digo que está en lo cierto, que quizá no se hace la asistencia sistemática y gratuita por violencia de género porque sería reconocer que todos los hombres son potencialmente agresores y que la vida se normaliza haciendo excepciones, no generalidades.

—¿Alguien ha calculado el ahorro sanitario y judicial en prevención si damos asistencia gratuita, anónima y sistemática a todas las mujeres? —me pregunta.

—Habría que crear una asociación de supervivientes de violencia de género —le sugiero.

—Esa es otra carencia, por ahí deberíamos comenzar — me insiste.

Suena el teléfono de nuevo. Esta vez es mi atento seguidor que no deja de hacer comentarios que no le pido

—Tienes un feminismo rancio y tus artículos no ofrecen background, ¡ay, osada!

Descubre la última novela de Áurea Sánchez, “La vida en mil pedazos

No hay comentarios

Dejar respuesta