ataques al corazón

Uno de mis mejores amigos tuvo un ataque hace unos meses y otro tuvo que operarse a corazón abierto hace muy poco. Los designios del corazón son ineludibles.

Yo comprendo poco de medicina y sé poco de la vida, aunque tengo mucha imaginación. Supongo que la experiencia les habrá dado más capacidad introspectiva, que es como decir más sabiduría. Les envidio lo último, la antesala de la paz de espíritu.

En estos momentos desearía saber soñar como antaño. (Un anciano cae al suelo al tropezar con el escalón de la cafetería. Ha dicho: “Vaya golpe me he dado aquí – señalando la cara. ¿Se ve algo?”. Lo que más le preocupaba era que se viera la herida en la cara. Ahora está sangrando. Una chica joven le aguanta una servilleta en el brazo y un señor en la cara. Finalmente, quizá sí le quede una marca. La visión de la sangre me perturba un poco. Quisiera ayudar. Ya se levanta. Han venido a buscarle dos mujeres: familia).

En dos días he sabido de la muerte de tres personas: mi tía política, la madre de un amigo y el hermano de mi primo político. Enfermedades.

Mis amigos siguen conmigo y yo con ellos. Es hora de despertar. De mirar adentro. Y de actuar, sin dejar de ser. Es hora de volver a ser lo que éramos antes: jóvenes de espíritu; gente con el don de lanzarse al mundo y descubrirlo; gente sin fin ni límites.

(Me molesta la cháchara y el mal lenguaje de las personas. El mismo que, hace un momento, ayudaba al anciano, ahora recomenta la jugada con sus compañeras de mesa de la terraza. Me disgusta la vulgaridad, pero, bueno, todos tenemos cabida en este mundo, hasta los necios).

Menosprecio, el justo y suficiente para recordar que no soy mejor ni peor que los demás; que me senté aquí para hablar de mis amigos y termino hablando de mí mismo.

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