Aprendiendo a amar

No me cabe duda que en escasas veinticuatro horas, la casas y calles de toda España, se llenarán de una sensación que todos deseamos sentir o profesar hacia alguien. El amor. Ese gran sentimiento que en las películas hace que lo imposible se vuelva factible y que logra acallar las voces críticas ante cualquier adversidad. Nos decimos a nosotros mismos, que cada 14 de Febrero, es el momento perfecto para pasar el día con tu pareja sentimental, decirle a ese chico o chica de tu día a día, que para ti, el sol únicamente se pone cuando él o ella, se aleja de tu lado. Es el momento para abrazar, besar, intercambiar el calor de vuestros cuerpos… y cosas más… “avanzadas”, que serían dignas de nombrar en cierta novela erótica que pulula a día de hoy por las salas de cines de medio mundo.

Pero deteniéndome en la fecha en cuestión, me asaltan varias dudas. Si el día de San Valentín, es el 14 de Febrero de cada año y sirve como pretexto para dar rienda suelta a nuestros corazones, ¿significa eso que durante los otros trescientos sesenta y cuatro días, sesenta y cinco en años bisiestos, nuestras vidas están carentes de amor, sexo y pasión? ¿Tan domesticada está nuestra sociedad, que solo una vez al año somos capaces de abrir nuestros corazones y expresar lo que sentimos?

Seamos claros, dudo mucho que eso sea así… Pero entonces, ¿por qué el 14 de Febrero es siempre especial? ¿Es por qué es festivo? No.

Es porque a mediados de nuestro siglo XX cierto negocio, mezcló una tradición, fundada en la rebelión de un sacerdote durante el mandato de Claudio II que clandestinamente permitía el matrimonio entre parejas jóvenes; contraviniendo la orden del emperador romano citado, que quería a los jóvenes solteros para que luchasen en su ejército. De dicho suceso histórico, se tergiversó su esencia de rebeldía y hoy en día en España, desde mediados del siglo pasado, utilizamos el día de los enamorados como día especial para el consumo.

A tal punto llega nuestro borreguismo, que una tradición real basada en actos de amor contra actos de servidumbre, ha caído en el olvido. Saldremos el sábado, si no lo han hecho ya ustedes, a comprar en los grandes centros comerciales; todo tipo de objetos que posiblemente nuestra pareja sentimental no necesite y que no vaya a apreciar realmente, porque en el fondo, lo que importa no es el regalo en sí, sino haberte acordado de que en ese día señalado tienes que ir a comprar algo… el gesto, lo es todo. Que cruda y dura imbecilidad.

En vez de acercarte por sorpresa a tu pareja y darle un beso en una de las zonas erógenas o zonas que tu conozcas que a tu pareja, le hagas sentir especial o hagas que se le erice la piel, preferimos lanzarnos como lobos hambrientos sobre un tenderete que vende flores mustias o cajas de bombones o nos pasamos la semana anterior buceando en internet en busca de una oferta de “spa + hotel” para cumplir con ese regalo de rigor que tanto bombo se le da en la televisión, en el cine, en los libros… Carecemos de imaginación.

A veces, los seres humanos obviamos que los mejores momentos que pasamos en nuestras vidas con las personas que queremos o deseamos, son momentos en los que planificamos algo juntos, pero no porque la situación o coyuntura del calendario lo exijan, sino porque deseas pasar un buen rato con esa persona que te hace sentir especial. Para poder alcanzar la realidad de cuál es ese momento tan especial, quizás debamos preguntarnos a nosotros mismos, ¿qué es amar?

Si os soy sincero, para mí, el amor no es más que un acto de filantropía hacia una persona o personas determinadas. Se pueden amar a colectivos enteros… dependerá de ti mismo. Pero, concretando un poco, para mí, amar, es disfrutar más viendo disfrutar a un ser querido, que disfrutando solo tú.

Aprendamos pues a amar realmente, en función del significado que nosotros mismos creamos que se merece dicho término. No nos resignemos a aceptar que cada 14 de Febrero, el día de San Valentín, se convierta en un día de la compra obligado en el cual nos forcemos a nosotros mismos, a aparentar sentir algo que debería sentirse a diario, si realmente crees en el amor.

No hay comentarios

Dejar respuesta