Aprender a consumir, una asignatura pendiente en Occidente

No veo la televisión, desde hace años que ella y yo sólo nos cruzamos de pasada, y sinceramente mi vida ha mejorado en parte gracias a ello. Así pues, no vi el pasado y polémico programa de Salvados que nos recordaba (porque ya lo conocíamos) el precio real que se paga en la industria textil. Hace falta que un programa de televisión muestre una realidad tan cruda para que la gente se eche las manos a la cabeza, al parecer.

Pues bien, lo peor no es esa realidad, sino que somos nosotros, los consumidores, los que tenemos la culpa de que exista, de que esas injusticias se hayan cometido y se sigan cometiendo. Las empresas son entes neutros cuyo único objetivo es ganar dinero. Están a nuestro servicio y actúan por y para nosotros. Así que, en última instancia, somos nosotros quienes tenemos la culpa de la explotación a la que someten a sus trabajadores, explotación que tiene el objetivo de traer productos que podemos comprar barato.

Seamos sinceros, Occidente ya no es un lugar productivo, nos hemos convertido en consumidores. ¿Habéis pensado en cuantas cosas de las que consumimos se han hecho parcial o íntegramente en países extranjeros donde la mano de obra es más barata? Un gran tanto por ciento de nuestra ropa, equipos, etc, está producida en fábricas deslocalizadas en China, Taiwán, India, Sudáfrica, Etiopía, etc.

Es importante saber lo que eres, porque una vez sabes lo que eres, puedes actuar en consecuencia. Por lo tanto, ahora que sabemos que somos consumidores, podemos utilizar el poder que se nos es dado como tales. Creedme, los consumidores (como los trabajadores) tenemos mucho poder en nuestras manos, nosotros somos el mercado, porque en última instancia los productos se hacen para que los compren gente y nosotros somos esa gente.

No es de extrañar que todos los países afines a Estados Unidos (menos las monarquías petroleras, claro) sean democracias. La democracia y el capitalismo no se pueden entender por separado. Al fin y al cabo, el capitalismo no es más que una forma de democracia, mucho más certera que ninguna, en la que el pueblo vota con sus compras qué productos y servicios son los que quiere.

Sin embargo, parece mentira que viviendo en un país (supuestamente) capitalista, nadie nos haya enseñado a consumir, o a utilizar el dinero en general. Intuyo que es por incompetencia del sistema, aunque si me pusiera “conspiranoico” diría que nos han querido convertir en bolsas de dinero andantes.

A todo se tiene que aprender, y a consumir no iba a ser menos. El día en el que la mayor parte de la población sepa cómo gestionar y gastarse su dinero, se habrá superado otro escoyo para llegar a un desarrollo pleno de nuestro mundo. En Occidente seguimos teniendo esa asignatura pendiente, no sabemos aún muy bien qué es comprar y vender, y luego nos asustamos cuando vemos las repercusiones en el otro lado del mundo.

 

Tips para aprender a consumir de forma responsable

 

Compra siempre lo mejor: Apura siempre tu presupuesto y llévate lo mejor, no importa si se trata de tecnología, de ropa o del bien que desees adquirir, no te quedes corto.  Recuerda que lo barato sale caro y si te compras algo que tenga poca calidad, muy probablemente tendrás que volverlo a comprar en el futuro, perdiendo tu dinero y tu tiempo.

Otro punto al respecto en la sobre-explotación del mundo. Cuando compramos objetos baratos y de poca calidad estamos contribuyendo a un mercado destructivo con el medio ambiente y a un consumo en exceso de recursos energéticos. Primero piensa en lo que necesitas o deseas (no compres de forma impulsiva), luego une el dinero que necesitas para comprarlo, y una vez lo hayas adquirido ya no vuelvas a pisar esa tienda en años.

Además, piensa que cuando pagas dinero por un objeto, estás pagando a todas las personas que han participado en que ese producto exista y esté ahí para que puedas adquirirlo. Si pagas muy poco por algo es probable que sea porque alguien en esa cadena no ha cobrado lo que debería.

Simplifica tus gastos (y tu vida): Este punto está muy relacionado con el punto anterior, ya que cuando se consumen productos de más precio se tiende a simplificar la lista de objetos que se requieren por razones obvias.

Mucha gente compra de forma compulsiva, porque lo sienten en el momento, y luego no saben qué hacer con los objetos que han adquirido. La mayoría de las cosas que compramos tienen poco o incluso ningún uso en nuestra vida.

Vivimos una media de 80 años, así que no quieras abarcar demasiado porque no eres inmortal para poder disfrutar de todo lo que puedas comprarte.

Haz un presupuesto: Los gobiernos hacen presupuestos, las empresas hacen presupuestos, ¿entonces por qué la gente normal, de a pie, no los hacen? No tiene sentido que la misma lógica que se aplique a una cosa no se aplique a otra cuando el tema a tratar es el mismo.

Piensa en lo que necesitas y deseas, y diseña un presupuesto en torno a eso. Por supuesto, esto no es sinónimo de vivir de forma austera, pero sí de controlar qué se gasta y en qué se gasta, por el bien del bolsillo propio, de la economía global y del planeta.

Sé patriota a la hora de consumir: El patriotismo es algo muy denostado, por lo menos en la España actual. Los españoles sólo somos patriotas cuando juega la selección de fútbol o cuando nos empeñamos en decirle a los catalanes lo que tienen que hacer. Para lo más importante, que es el funcionamiento de nuestro país, nos olvidamos del patriotismo.

El patriotismo no es pagar impuestos, es ser consecuente con tus actos con respecto a la comunidad en la que vives, lo cual lleva implícita la solidaridad. ¿Qué quiere decir esto? Que si tienes que gastarte tu dinero, procura que sea en productos creados en tu país, y si puedes también en tu provincia o ciudad. Sustituye 50 Sombras de Grey por cualquier libro de Blue Jeans, aunque en la práctica la calidad del producto sea similar, el impacto de la compra no.

No busques la satisfacción en el consumo: No caigas en la trampa de pensar que consumir te aliviará psicológicamente. Consumir es un acto necesario para adquirir productos y servicios que nos hacen la vida más favorable, no una terapia que te ayude a superar nada.

Si estás deprimido, lo que necesitas probablemente es hablar con gente, no gastarte el dinero en ropa, zapatillas o aparatos electrónicos.

No dejes que tu vanidad sea quien dirija tus compras: Quizá es el pecado (literalmente) que más gente comete a la hora de comprar. Adquirir objetos o servicios debe ser algo que mejore tu vida, no algo que le demuestre a todo el mundo a tu alrededor que tu vida es mejor.

Olvídate del resto de la gente. Si te quieres comprar un teléfono de última generación o irte a Indonesia, hazlo por ti, porque realmente quieres hacerlo, no para demostrarle nada a nadie.

No consumas nada que intoxique tu cuerpo o tu mente: Dar el consejo de no consumir nada que te produzca daño parece algo ridículamente absurdo, pero hay muchísimos millones de personas que a diario están literalmente envenenado su cuerpo y su mente. Eres el dueño de tus decisiones, por lo tanto eres el dueño de lo que tomas, así que deja de victimizarte y empieza a vivir de forma más sana.

Disminuye tu consumo de alcohol considerablemente y deja de fumar tabaco, de esa forma vivirás de forma mucho más sana y, de paso, dejarás de darle tu dinero al Estado voluntariamente. También deja de ir al McDonalds y de beber Coca-Cola. Convierte tu dieta en vegetariana si puedes o al menos hazlo en un gran tanto por ciento. Aléjate de los plásticos, del flúor y del gluten. No veas la TV y si la ves, elije sólo dos o tres programas y no te tragues cualquier cosa que echen. Sustituye el Pop de la MTV por música más variada y de vez en cuando escucha música clásica.

Evita el cotilleo (en tu vida personal también), los programas “del corazón”, los realities y demás material con el que no aportas nada a tu vida. Deja de ver las noticias y de darle “de comer” a tu mente toda esa carga de información negativa.

En definitiva, vive de forma más sana.

No hay comentarios

Dejar respuesta