Antes creía que podía controlarlo todo, y que además debía controlarlo

¿Y ahora?

 Ahora, creo que no hay que controlar la vida, porque ésta va sola, y tú tienes que seguir su ritmo.

Sobrevivir no es ir por delante de tu vida, sino sobre ella, encima de ella. Es resistir, perdurar, permanecer. La vida pasa y tú debes ir a su paso. No es la vida la que se adapta a ti, sino tú quien tiene que adaptarse a la vida.

 

Y es que no hace falta decir que tienes que tenerlo todo controlado, porque es imposible, es inhumano y además de estúpidos. Controlar tu vida significa controlar todo lo que acontece a tu alrededor, incluyendo las personas que quieres y que te quieren. Visto así, suena un poco inútil intentar controlar tu vida, ¿verdad?

 

Así pues, sin poder evitarlo, la vida puede agrandar o empequeñecer tu camino, puede cortarlo, poner barreras, puede facilitarte un mapa, concederte un atajo, iluminar tus pasos o dejarte ciego, puede proporcionarte un vehículo para ir más rápido o quitarte una pierna para que cojees. Y todo eso, sin tú poder hacer nada. Así que deja de intentarlo, porque perderás tiempo.

Si esto pasa, agáchate para poder pasar por el camino estrecho, salta si está cortado o tiene vallas, aprende a leer el mapa para orientarte, coge los atajos que más te convengan, sigue a tu perro guía o pide ayuda si hay algo que te impide ver, aprende a conducir para ir más rápido, compra un bastón si una pierna no te funciona bien. Adáptate al cambio.

 

Porque a pesar de las estrecheces, de los obstáculos, de los impedimentos y de las dificultades, tu verdadero cometido no es controlar sino sobrevivir, seguir el ritmo.

Anónimo

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