Amnesia global transitoria; la enfermedad de moda

La amnesia global transitoria es definida según Wikipedia como un “síndrome que en neurología clínica se caracteriza por una disfunción temporal  pero prácticamente total de la memoria a corto plazo además de dificultades de gravedad variable a la hora de acceder a recuerdos más antiguos.


Parece ser que en este país todo el mundo se olvida de las cosas, no sabe, no recuerda, o no se lo habían explicado. Alucinante.


Una persona que sufre un estado de AGT no presenta otros signos de deterioro de funciones cognitivas, pero solo puede recordar los últimos momentos de su pasado consciente, además de aquellos hechos de su historia personal codificados de forma más profunda, como por ejemplo, su propio nombre.”

Atendiendo a esta definición, podríamos llegar a afirmar que muchos políticos de nuestro entorno se encuentran bajo este síndrome neurológico tan desdichado.

Parece ser que en este país todo el mundo se olvida de las cosas, no sabe, no recuerda, o no se lo habían explicado. Alucinante.

Según ha podido conocerse en el día de ayer, 39 eurodiputados españoles participan en la famosa SICAV, un fondo de inversión cofinanciado por la UE en dos tercios, y con domicilio en Luxemburgo, es decir, aquel lugar en el que el pago de impuestos es ínfimo, por no decir simbólico.


En este caso, el señor Willy Meyer ha obrado en consecuencia, y debido al desliz ha decidido renunciar a su acta como eurodiputado


Como decía en el día de ayer Wyoming en el intermedio, para que se hagan una idea, los ricos o personas que participan en estos fondos de inversión, son las únicas que guardan las monedillas de un céntimo, para poder así pagar dichos impuestos.

Entre los participantes españoles, se encuentran los nada desdeñables nombres de, atención: Elena Valenciano, Miguel Arias Cañete, Rosa Díez, Jaime Mayor Oreja, Willy Meyer, y sí, Cristóbal Montoro.

¿Quiénes son estas personas? Pues efectivamente son aquellas que anuncian a bombo y platillo la lucha contra el fraude fiscal, que justifican la situación del país por el dinero negro defraudado a hacienda, son aquellas que te persiguen si te dejas de declarar cinco céntimos en la declaración y que gastan parte del herario público en anuncios de carácter moralista anunciando que hacer alguna trampilla en la declaración para que no te sangren por todos sitios significa no tener escuelas ni hospitales, cuando les encanta recortar todo aquello que sea público para repartirlo entre sus amiguetes con empresas privadas, para asegurarse un puesto como “consejero” en el futuro cuando abandonen la poltrona del poder.


Amnesia global transitoria; la enfermedad de moda


Como toda enfermedad o síndrome, hay enfermos que la aceptan mejor o peor. Hay otro enfermos que deciden poner remedio a la causa de la enfermedad, y hay otros que deciden hacer oídos sordos a la lógica.

En este caso, el señor Willy Meyer ha obrado en consecuencia, y debido al desliz ha decidido renunciar a su acta como eurodiputado, ya que como muy bien decía ayer, si se pretende dar ejemplo y promulgar un discurso, no hay mejor manera que asumiendo las consecuencias de sus actos. Un bravo por el señor Meyer.

Es discutible que no se hubiera dado cuenta de lo que sucedía con este dinero, puede ser que lo supiera y decidiera hacer oídos sordos, o que realmente no lo supiera, pero lo que está claro es que es admirable que este señor haya decidido abandonar su cargo en cuanto se ha conocido la noticia. Como mínimo, si quería llevarlo en secreto, ha sido capaz de asumir las consecuencias, y su inmediatez le honra.

No se puede decir lo mismo de la señora Valenciano, los señores Arias Cañete y Montoro o la señora Díez, que acudiendo a su amnesia global transitoria, deciden seguir agarrados a su asiento, a su sueldo (que por cierto, pagamos todos), sin asumir las consecuencias de tener dinero en Luxemburgo. Cualquier día de estos presenciamos otra amnistía fiscal para que no se pierda nada por el camino.

Este es el ejemplo que nos dan.


El de la infanta Cristina, con su retoliquia de no se, no recuerdo, no tengo constancia y un largo etcétera de sinónimos, que por suerte no le ha servido para librarse de las garras de la justicia, o al menos de momento.


Ni anuncios de dinero no declarado, ni ejemplo de dinero en España, para hacer país, fomentar la marca España y contribuir a las arcas del estado. Aunque claro, con su sueldo “ínfimo”, es normal que busquen el máximo rendimiento de su dinero, no sea que no les quede una mísera pensión después de trabajar árdua y duramente toda su vida. Qué lástima.

Pero después de todos los múltiples ejemplos de amnesia global transitoria dentro de la política española (esposas que por amor no se enteran, o no se acuerdan, o no se quieren acordar que su marido llegaba cada día con un Jaguar, o que realizaban unos estupendos y ostentosos viajes y fiestas con sus sueldos de diputados) nos encontramos con el mejor y el más divertido.

El de la infanta Cristina, con su retoliquia de no se, no recuerdo, no tengo constancia y un largo etcétera de sinónimos, que por suerte no le ha servido para librarse de las garras de la justicia, o al menos de momento.


Espero que no sea contagiosa y endémica, no sea que a los ciudadanos de nuestro país les de por olvidarse de pagar sus impuestos y acometer sus obligaciones


Me alegro que por una vez, aquel dicho que nadie se llega a creer como que la justicia es igual para todos, de momento se cumpla, y sobretodo que la señora infanta siga imputada. Si ha cometido un delito, como todo apunta, y sobretodo después de sus lamentables contestaciones ante un juez (que por cierto, no se ría de la inteligencia de los españoles, y menos de un señor que lleva años de carrera y de estudios) que cumpla la condena que corresponda, sea quien sea, y sea del color que sea su sangre, aunque mi avispada intuición me hace pensar que es roja como la del resto de los mortales.

Así que un olé por el juez, mejor dicho, por el excelentísimo Juez Castro y por su espectacular y envidiable memoria, a diferencia de los que padecen este síndrome de amnesia global transitoria. Y sobretodo otro olé por tener la paciencia y la madurez que se necesita para aguantar toda la serie de improperios, faltas, insultos y persecución a la que lo está sometiendo toda la caverna fervorosa seguidora de la monarquía, y que son capaces de obviar los delitos por los que encausa un juez, y ponerlo verde, simplemente por el hecho de la adoración y veneración que sienten por esa institución tan obsoleta.


En fin, ya ven. Amnesia global transitoria, la patología estival de moda.


Espero que no sea contagiosa y endémica, no sea que a los ciudadanos de nuestro país les de por olvidarse de pagar sus impuestos y acometer sus obligaciones, porque si este síndrome puede afectar a unos, puede llegar a afectar a todos.

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