Al final, la sangre inocente es la que siempre acaba derramada

El atentado terrorista acaecido en París el pasado Viernes por la noche, ha tocado el corazón de todos los ciudadanos del mundo occidental. Al final, la sangre inocente es la que siempre acaba derramada, y ha provocado que todos por un momento nos pusiéramos en el lugar de los ciudadanos parisinos que sufrieron esta barbarie y nos hiciéramos la pregunta ¿te imaginas que nos hubiera pasado a nosotros?


No hay palabras para describir esta barbarie y mucho menos para expresar el sentimiento de rabia y tristeza que nos embarga


Han sido innumerables las muestras de solidaridad y los mensajes de apoyo y cariño a toda una población que ha sufrido este terrible asesinato, con todo el significado de la palabra.

No hay palabras para describir esta barbarie y mucho menos para expresar el sentimiento de rabia y tristeza que nos embarga. Porque al final, la sangre inocente es la que siempre acaba derramada.

Francia sigue amenazada, así como gran parte del mundo occidental.

La solución a este conflicto es compleja, sobretodo si partimos de la base de que nos encontramos ante unas personas cuyo mayor exponente de valoración de su vida, es su propia muerte.

Personas que en su mayoría, llevan una vida plagada de sufrimiento y miseria, y que ven en la guerra santa una manera de convertir esta vida sin sentido en un sacrificio que la transformará en el sueño prometido por aquellos que ven en la guerra santa la única manera de conseguir el paraíso.


La cosa está, en que mientras se maten “allí”, no pasa nada, pero cuando vienen aquí, la cosa cambia.


Vivimos en un mundo en el que la globalización y el capitalismo más voraz y feroz, comporta una hipocresía espeluznante.

Un mundo, donde Francia vende a los países árabes, Egipto, Golfo Pérsico armamento por valor de 15 mil millones de euros.

Donde Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Alemania se erigen con el dudoso honor de ser los mayores exportadores de armamento y donde lejos de buscar una solución a estos conflictos, prima el interés de recaudar euros, dólares o cualquier divisa mundial a través de la venta de armamento.

La cosa está, en que mientras se maten “allí”, no pasa nada, pero cuando vienen aquí, la cosa cambia.

Primero de todo, me gustaría dejar claro que en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, estoy justificando mínimamente el atentado en París.

Pero me gustaría buscar una mínima explicación de por qué se ha llegado a esta situación, y no caer en el tópico de que está gente está chalada.


Primero de todo, me gustaría dejar claro que en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, estoy justificando mínimamente el atentado en París.


Occidente lleva años generando odio. Y no sólo odio contra nosotros, sino odio entre las diferentes facciones del Islam, provocando la aparición de grupos radicales, que en muchos casos recibieron financiación y entrenamiento por parte de los principales países occidentales.

No perdamos de vista que el actual Estado Islámico (fundado en sus orígenes por el jordano Abu Musab al-Zarqaui) nació mientras Saddam Hussein ejercía su dictadura con mano de hierro, y que  acabó acercándose de manera muy estrecha a Al Qaeda (cuyo fundador fue Osama Bin Laden, entrenado y apoyado por la CIA en la lucha contra la Unión Soviética durante la guerra fría) durante la invasión de Irak por las famosas y supuestas armas de destrucción masiva, que Bush, Aznar y Blair decidieron ejecutar.

Una invasión por la cual no hace muchos días, Tony Blair pedía perdón.

Todo esto nos lleva a la misma conclusión; al final, las superpotencias no buscan solucionar conflictos, no buscan la paz.


El atentado de Francia no es más que un reflejo del tipo de sociedad mundial podrida en la que vivimos


Sólo buscan satisfacer sus intereses económicos, porque mientras haya guerras por el mundo, seguirá habiendo venta de armas, y nuevas alianzas que permitan sacar provecho de zonas en las que el petróleo es el activo más valioso que poseen.

El atentado de Francia no es más que un reflejo del tipo de sociedad mundial podrida en la que vivimos, en la que gente sin escrúpulos derrama sangre inocente para satisfacer su odio y sus intereses económicos sin escrúpulos.

El Viernes le tocó a Francia, pero no olvidemos Damasco, Siria, Egipto o incluso el reciente atentado en una universidad de Kenia que acabó con la vida de 47 personas.

La diferencia es que estos lamentables hechos no ocurrieron en el mundo Occidental, pero en los cuales se derramó la misma sangre inocente.


Es hora de exigir a nuestros gobiernos que abandonen la hipocresía con la que se llenan los bolsillos.


Sangre inocente de personas que vivían su vida de manera cotidiana, y que se encontraron con la muerte de una manera triste y con un sufrimiento extremo.

Nosotros tenemos la democracia, defendemos los derechos humanos, pero es hora de combatir toda esta situación con los mismos valores con los que queremos vivir nosotros.

Es hora de exigir a nuestros gobiernos que abandonen la hipocresía con la que se llenan los bolsillos. Es hora de exigir que en vez de vender armas al mundo oriental para conseguir beneficios económicos, se acabe con este terrorismo y esta barbarie desde los valores de los cuales estamos tan orgullosos.


Con las armas ha quedado demostrado que no se cambia nada, no se consigue nada, por lo menos para la población civil, y que lo único que se consigue es que aumente la barbarie y el sufrimiento.


Es hora de cambiar el rumbo de la historia, de dejar de formar milicias y grupos armados para que sigan matando, y empezar a formar a las personas en los valores del respeto a las creencias y a las razas, y proporcionar los medios para que la formación cambie de manos, y el adoctrinamiento radical pase a ser enseñanza.

Con las armas ha quedado demostrado que no se cambia nada, no se consigue nada, por lo menos para la población civil, y que lo único que se consigue es que aumente la barbarie y el sufrimiento.


si no convencemos a nuestros gobernantes para que cambien esta perspectiva y dejen de sembrar la semilla del odio, la barbarie y la semilla de las armas, se repetirán más Francias, París y al final, como siempre, la sangre inocente es la que siempre acabará derramada.


Es hora de aplicar aquella maravillosa frase “La pluma es más poderosa que la espada”, y empezar a crear grupos que enseñen los valores humanos a todas aquellas personas que sólo reciben la doctrina del odio y de las armas.

Sino hacemos esto, si no convencemos a nuestros gobernantes para que cambien esta perspectiva y dejen de sembrar la semilla del odio, la barbarie y la semilla de las armas, se repetirán más Francias, París y al final, como siempre, la sangre inocente es la que siempre acabará derramada.

Una humilde opinión de una persona que todavía no se puede creer todo lo que ha sucedido, y que sí, no va a negarlo, ve el mundo con miedo y con la impotencia de no poder hacer más que esto para intentar cambiar las cosas.

Foto de portada: EFE

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